sábado, 9 de agosto de 2008

No seas ratón

¿Qué sucede cuando a un chico se le cae un diente? Sí, está bien, pero yo me refería a otra cosa además de que le queda un agujero que le hace una cara de pelotudo bárbara. Exacto: viene el Ratón Pérez y, a cambio del diente, le deja una pequeña retribución en dinero. Bah, pequeña si lo tomamos como un caso aislado, porque si consideramos que en el mundo hay aproximadamente 600 millones de niños de entre 5 y 9 años, podríamos decir que el presupuesto que maneja el Ratón Pérez es de, en promedio, 1800 millones de dólares por año (a razón de un Euro por diente y sin contar los gastos de traslado), lo que alcanza para comprar seis veces la Coca-Cola Company de Brasil, o pagar cash el 30% de la deuda externa de un país como Suiza.
Evidentemente, el Ratón Pérez no es sólo un ratoncito inocente, sino la cara de una corporación más que poderosa no solamente en lo económico, sino también en lo que a logística se refiere.
¿Y cuál es el objeto de la revelación de este aparente delirio? Pues bien, ni más ni menos que el de echar un vistazo a otros ratones que no han gozado de la misma prensa que Pérez (a pesar de tener una importancia similar o mayor), quizás por cuestiones de marketing o, en algunos casos, pudor.

El Ratón Gómez:
Cierto día por la mañana, después de una salida nocturna, Claudia (40 y pico años, divorciada) termina su sesión de gym y luego de darse una ducha para ir al trabajo se mira al espejo tratando de descifrar la razón por la cual cada vez tiene menos éxito con los hombres. A primera vista no nota nada raro –todavía es una mujer atractiva-, hasta que repentinamente se percata de dos pequeñas pilas de billetes que reposan dobladas a la mitad entre la canilla y las llaves de agua. Al principio se niega por completo a siquiera considerar la posibilidad de que eso sea lo que algunas de sus amigas le han comentado, pero después de escrutarse más detenidamente confirma lo inexorable: se le han caído las tetas. Entonces cuenta el dinero que el Ratón Gómez le ha dejado, y evalúa las dos opciones posibles: comprar con él un corpiño push-up, o sacar un crédito personal por el monto que le falta para hacerse las lolas.

El Ratón López:
Antonio es un tipo elegante, viril y exitoso. Tiene un trabajo bien remunerado y una familia de la cual se siente orgulloso. Sin embargo, una noche, luego de una larga jornada laboral y mientras baja por el ascensor de la compañía, nota que sobre el piso yace una pequeña cajita forrada en felpa. Lenta y cuidadosamente se agacha para levantarla y se encuentra con que dentro de la misma hay un Krugerrand. Como Antonio es un tipo honesto, ya está pensando la forma de encontrar a su legítimo dueño para devolvérsela. Pero al incorporarse algo lo detiene: y es lo que puede ver a través de uno de los espejos que recubren las paredes del ascensor; una incipiente calvicie, que lo ha hecho acreedor de una visita del tan mentado Ratón López. Entonces Antonio piensa, como es un hombre preocupado por su imagen, que quizás con ese dinero pueda costearse un tratamiento para recuperar el pelo que se le ha caído.

El Ratón Ortiz:
Finalmente, y después de algunas vacilaciones, Claudia se inclinó por los implantes de siliconas, los cuales luce orgullosa –a través de un generoso escote- a toda hora y en cualquier época del año, sin importar la temperatura que marque el termómetro. Su felicidad por haber recuperado el éxito de antaño entre la población masculina es casi tan grande como volumen que ocupa la suma del perímetro de ambos pechos. Eso hizo que, de la noche a la mañana, Claudia se convirtiera, casi mágicamente, en una mujer absolutamente desprejuiciada y despreocupada.
Hasta esa noche fatídica en la cual, antes de una salida similar a la que relatáramos en primera instancia (ver Ratón Gómez), Claudia descubre una pequeña cantidad de billetes similares a los encontrados en esa primera ocasión. Aún incrédula, se deshace del corpiño que lleva más por recurso de seducción que por necesidad, y chequea que su busto se mantenga tan desafiante a las leyes de gravedad como siempre. Efectuada dicha comprobación, Claudia se dispone a retomar sus preparativos, ya que en cinco minutos la pasará a buscar Andrea, a quien no ve desde hace más de un año, época hasta la cual ambas compartían largas charlas en... ¡El gimnasio!
Entonces Claudia lo comprende todo y, a punto de estallar en llanto, comprueba que la ofrenda efectivamente pertenece al Ratón Ortiz, ya que se le ha caído el culo.

El Ratón Fernández:
La vida de Antonio sigue marchando tan bien como hasta hace un tiempo. Incluso el momento lo encuentra con cierto orgullo por su apariencia, después del implante capilar que le ha devuelto gran parte de su tupida cabellera. Sin embargo, el cruel reloj biológico no detiene su marcha y, como en el famoso bolero, sigue marcando las horas. Esto lógicamente le asesta duros golpes a la autoestima lo cual, para intentar revertir dicha sensación de malestar, lo lleva a flirtear con señoritas mucho más jóvenes que él, tan sólo para comprobar que no ha perdido un ápice de su virilidad y capacidad de seducción, incluso en competencia frente a adversarios de menor edad y mejor estado físico.
Fue así que cierto jueves, en el horario de lo que se suele llamar “after office”, y luego de degustar una exquisita selección de cervezas irlandesas en un pub cercano a su oficina, se le presenta la oportunidad de compartir un momento de mayor intimidad con esa mujer tan atractiva que lo ha estado observando fijamente desde que entró al bar. Por eso no resulta extraño que, luego de unos sugestivos flirteos, ambos decidan ir a un hotel alojamiento donde, luego de prodigarse algunos arrumacos, todas las condiciones estén dadas para que se dé la tan deseada consumación.
Pero para sorpresa de Antonio, una vez que se ha despojado de sus ropas, la voluptuosa mujer decide repentinamente emprender la retirada, no sin antes hacerle entrega de un billete de 50 dólares y una tarjetita. Luego de la sorpresa y desazón inicial que lo invaden, revisa el texto de la nota en el que lee: “Para la próxima traé Viagra”, la cual está firmada "Ratoncita Fernández". Entonces comprende que a su edad la ingesta de tanta cerveza no hizo más que precipitar (valga la redundancia) el hecho de que se le cayera algo más que la autoestima.

El Ratón González (no confundir con Speedy González):
Aunque trabajan a tan sólo algunas manzanas de distancia y almuerzan en el mismo restaurant, Claudia y Antonio no se conocen. Eso no impide que, por una de esas circunstancias del destino, coincidan en la fila de una repartición pública. Es el turno de Antonio que, si bien anda escaso de tiempo, tiene un gesto de caballerosidad para con Claudia (“¡Qué tetas! Sí, son operadas, ¿pero qué me importa?” piensa Antonio) y le cede su lugar. Pero grande es la sorpresa de ambos cuando los empleados, llenos de algarabía y euforia, en vez de disponerse a atenderlos, celebran el repentino hallazgo de un fajo de billetes, el cual está siendo repartido en partes iguales. Por eso, aunque no saben de dónde vino el dinero, ni les importa saber que fue un regalo del Ratón González, porque se les cayó el sistema. ¿"Sistema" dije? Entonces en vez del Ratón González es González Mouse.

10 comentarios:

absurda y efímera dijo...

Si el ratón Pérez son los padres, estoy tratando de averiguar quién es el ratón Gómez, para ver si consigo ese dinero. Anoche las dejé debajo de la almohada y no pasó nada! :S

Martina Gaido dijo...

Desde siempre supe que mi papá era el ratón. Sí una verdadera rata.

Cuando a mis amiguitas se les caían los primeros dientes de leche, el ratón les dejaba como $50 o $100, suficiente para pagar la deuda externa de Suiza y también la de Argentina, y hasta sobraría para cancelar el resumen de la Visa Gold de Cristina.

Pero a mí, nada de eso, abajo de la almohada siempre habían 2 miserables pesos.

Por eso el hecho de llamar Ratón a alguien tacaño, siempre me pareció una palabra bien utilizada.


Un beso Blogudo, y me encargaré de no faltar a tu próxima presentación. Y a ver cuando venís por estos pagos.

El blogudo dijo...

Absurda y efímera:
Te doy una pista: si el ratón Pérez son los padres, el ratón Gómez (que te paga las tetas) comparte un denominador común con el de los dientes: a ambos se les dice "Papi".

Martina: es cierto que tu viejo era medio ratón, pero convengamos que $50 o $100 tampoco es habitual...
Ojalá pueda ir pronto por tus pagos, si encuentro un ratón que me pague el pasaje para hacer algo en lo que se me caiga la cara...

laantiprofesora dijo...

A mí una vez me pusieron $100 de más en el sobrecito de mi sueldo, pero no sé qué ratón fue....

DieguitoX.. dijo...

Ratón Gómez = caída de GOMAS
Ratón López = caída de PE-LOS
Ratón Ortíz = caída de ORTO

ahora, cuál sería el juego de palabras con "ratón fernandez" y su labor de retribuir (o conformar) monetariamente la impotencia masculina??

El blogudo dijo...

Laantiprofesora: si te pusieron $100 de más, fue para que te hicieras los ratones.

Dieguitox: muy perspicaz, lo tuyo.
Con respecto a lo de Fernández, no hay correspondencia. ¿Por qué a los Beatles se les perdona que Sergeant Pepper tenga 4 temas que no tienen una mierda que ver con el concepto y a mi no? ¿Eh?

Anónimo dijo...

Siguiendo la lógica de Dieguitox, se dice que el ratón Fernández habría dejado un dinerito (algunas fuentes señalan que provenía del megacange) en la Casa Rosada, allá por diciembre de 2001, cuando se produjo la caída de Fernando....

Ah... y el ratón que les deja plata a los operadores de bolsa cuando caen las acciones, ¿como se llama? ¿El Raton down Jones?
Y el que te deja un bono cuando cae el riesgo país, ¿se llama Ratón Morgan?

Saludos,
Pablo

El blogudo dijo...

Muy bueno lo tuyo, Pablo... se nota que no sos ningún caído del catre y además... ¿Oia? ¿Qué pasa? ¡Uyyy rajemo'... cayó la yuta!

¡Saludos!

Cablin dijo...

Soy Pablo, "el Anonimo", al fin me hice un gmail.
Sí, una vez me caí del catre y vino a darme dinero el ratón Catriel. Prefiero eso antes que a Osvaldo Laport en taparrabos.
Uh... es verdad!!! Cayó la policía... Mejor nos vamos antes de hacer nuestra la frase de Rolo Puente cuando dijo: "estoy en cana".

El blogudo dijo...

Cablin: ¡Felicitaciones por el Gmail!
Lo de Rolo Puente en cana no lo sabía... ¿lo dijo en un canal?