miércoles, 22 de marzo de 2006

Vittorio Gassman, il torpedieri piu sorprendenti de’ll mondo.

Reunión a la que iba Víctor, reunión en la que pasaba. Nadie había reparado en el detalle que se repetía invariablemente. Como un patrón que se sucedía tal cual una y otra vez. Quizás pasaba desapercibido porque Víctor no era el único presente en todas las juntadas, sino que iba con toda la barra. A lo mejor era porque muchas veces las damnificadas eran mujeres, y no es de caballero el andar señalando a una dama cuando suena un flato en la sala. Quizás era porque, al ser algo tan escatológico, no daba para hacer quilombo. No, está bien. Es mentira. No te voy a engañar. No era por nada de eso. Te voy a contar la posta. Aunque lo mande en cana. En realidad era porque no había motivos para acusar a nadie. Era raro, pero los pedos –siempre estruendosos-, parecían venir de cualquier lado, sin distinción de sexo, edad ni clase social. Era raro, sí, que siempre, inexorablemente, sonara la ráfaga como una salva de cañonazos honrando a los caídos en batalla. Pero nunca nadie sospechó del verdadero culpable: Víctor, a quien hoy puedo acusar, porque ya pasó mucho tiempo y nadie sabe qué se hizo de su vida. Víctor. El eterno estudiante que adquirió el particularísimo don de la ventriloquía anal.

4 comentarios:

Hadita dijo...

Grosso don... (y grosso, Don)

Besos!

Cruella De Vil dijo...

Como gran hija de puta que soy, si poseyese tal don, no dudaría en endilgarle todos los honores a el/la hijo/a de puta que más odiara.
Malsana envidida me genera el tal Víctor.

Lucio dijo...

Es la primera vez que confirmo la existencia de gente con este don. He conocido políglotas, sin embargo.

Yo creo que si la cultura no nos hubiera empujado a censurarnos, no viajaríamos tan apretados en el subte y más gente se dejaría el bigote, que perfumaría mucho todas las mañanas.

Anónimo dijo...

Un don del orto..

jp