lunes, 17 de marzo de 2008

El duelo

Billy Mc. Koy es el vaquero más rápido de todo el Oeste. Tan rápido, que si Lucky Luke puede dispararle a su propia sombra, en ese mismo tiempo Billy podría masturbarla. Pero lo que Billy Mc. Koy tiene de rápido también lo tiene de sabio. Por eso, si bien él sería el único capaz de dar respuesta a muchas preguntas, dado que el pueblo entero le teme, nadie se anima a preguntarle por qué las películas de cowboys del Lejano Oeste transcurren en Texas, si Texas no está al oeste sino al sur, y justo en el medio de Estados Unidos.

Quizás el origen de este sentimiento de terror hacia él se remonte a aquella vez en la que lidió, en tan sólo 4 minutos 17 centésimas (récord mundial aún en su poder) con 10.000 indios (3.000 según cálculos de las fuerzas de seguridad) pieles roja que venían por su pellejo, furiosos porque había osado vulnerar el preciado tesoro que Azul Lavable, la hija del cacique Pluma Fuente, había reservado celosamente para ofrendarle el día de su boda a quien fuera su prometido.

Pero hoy nada de eso importa. Porque ha llegado un forastero al pueblo. Y trae en sus alforjas diez monedas de plata, un pan de mantequilla derretido, una reputación verdaderamente escalofriante y un solo objetivo: hacerle morder el polvo al mismísimo Billy Mc. Koy; ni más ni menos que el vaquero más rápido del Oeste. 

Un desafío que el forastero ha lanzado temerariamente en una nota clavada con un puñal en uno de los troncos que sostienen el techo de la galería de la taberna y dice: “En la mismísima calle principal de este pobre pueblo olvidado y moribundo, sólo habrá un hombre... y una rata cobarde y moribunda”.

Lógicamente, esta proclama no le resultó en absoluto indiferente a Billy, ya que si bien conocía la fama que precedía al forastero, nunca sospechó que éste fuera capaz de escribir una oración unimembre con tantas palabras.

Por ello, y aunque en el pueblo Billy es temido por ancianos, niños, hombres y mujeres por igual, hoy todos están de su lado, conmovidos, inquietos y preocupados por su suerte y dispuestos a dejar de lado las rencillas del pasado para alentar al crédito local. Hasta el Sheriff, quien más de una vez (dos) ha hecho público su desagrado por Billy, en esta ocasión expresó su aliento a través de unas cálidas y amistosas palabras que mandó a marcar a fuego en una pancarta de cuero que atraviesa la calle principal de lado a lado: “Billy, tú sabes que puedes contar conmigo tal como si fuera un padre... Ah, hablando de eso... Yo soy tu padre”.

Horas más tarde, cuando los primeros rayos de sol comienzan a acariciar la aridez del suelo colándose por el horizonte y dejando atrás una larga y tortuosa noche además de una muy afeminada metáfora, el forajido ya ha tomado su posición, relamiéndose por la segura deserción de su oponente, que no aparece a pesar del paso del tiempo.

Pero cuando todos los pobladores reunidos en el lugar se disponen, claramente decepcionados, a emprender el regreso a sus hogares, Billy aparece abriéndose paso entre el gentío que lo aclama como a un héroe. Entonces él, con un aire de autosuficiencia y sobrada confianza en sí mismo, observa despectivamente al retador y se sitúa en su posición. El cruce de miradas entre ambos es vibrante, tenso, penetrante, lacerante. Ambos saben que ha llegado la hora tan esperada. Por ello, el sheriff da la señal y suena un disparo que retumba, seco, entre cada recoveco del pueblo. Entonces Billy empieza a correr con todas sus fuerzas hacia la meta para confirmar en unos pocos segundos lo que todos ya saben: Billy Mc. Coy es el vaquero más rápido del Oeste. 

9 comentarios:

MartuZeta dijo...

aaaaaaaaaaaaaaaah porque corre, no dispara



aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah claro, es como si vos en un momento hacés creer que una cosa, pero después NO, es otra


claro...



Notable.


La novela con Lojo' digna de Estevanez, cuando resuelva mi posicion (que en general termina siendo fetal) la publico.

El blogudo dijo...

No, Martu... es mucho más que eso, porque en el mismo acto corre... y, como diría mi abuela, "salió disparando". Ahora, reflexionando sobre esto, creo que hubiera sido mucho mejor que el otro saliera volando, ya que "el que no corre vuela"...
Hagamos una cosa, vos resolvé tu posición sobre lojocrítico, y yo resuelvo este final alternativo.

tuxco jones dijo...

notable... mis apreciaciones salieron a su bandeja de spam.

jajajaja... Blogudo McKoy...

El blogudo dijo...

Blogudo: Claro! Se llama Mc. Koy porque el prefijo Mc. es de comida rápida!

¡Recién entendí mi propio chiste!

Tuxco: gracias por el spam... ;-)

tuxco jones dijo...

Todo iba muy bien hasta esa aclaración...


:D

Kaitos dijo...

jajajajajajaja

Es la tercera vez que lo leo, perdón por no comentar antes... es que andaba como este Mc'Koy, a las corridas...

Genial, aunque lo de salir volando, hubiera sido un buen final, un final con un un giro casi sci-fi.

Ah, que los hermanos ibéricos no se pongan a hacer chistes con eso de las corridas, que eso es el acabóse. O algo así.

¡Abrazo!

El blogudo dijo...

Tuxco jones: y bueh, soy así, me gusta que la confusión siempre quede clara.

;-)


Kaitos: ¿No lo entendías? ¡Te pasó lo mismo que a mí!
¿Hermanos ibéricos? ¿Lo decís por Martu? No, no es ibérico, es cuadradito, pero bien nuestro...
¡Abrazo!

Estar latiendo dijo...

Todo el combo es genial..., por cincuenta centavos más puede agregar excelentes cometarios para agrandar el menú...

besos chocolatosos:

Ju

El blogudo dijo...

Me encantaría... pero hasta ahora me siento más idiota que el empleado del mes.

Besos y Mc. besos...